noviembre 07, 2017

El que se humilla será ensalzado


Buenos días hermanos, vamos a compartir el Evangelio y la reflexión de este domingo. XXXI del tiempo Ordinario.

Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos  y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.   Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.   Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas.  Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; ensanchan las filacterias y alargan las orlas del manto;   quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,   que se les salude en las plazas y que la gente les llame `Rabbí'.   «Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar `Rabbí', porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos.  Ni llaméis a nadie `Padre' vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo.  Ni tampoco os dejéis llamar `Instructores', porque uno solo es vuestro Instructor: el Cristo.   El mayor entre vosotros será vuestro servidor.   Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.  Mateo (23,1-12):

 “Mi corazón, Yavé, no es engreído, ni son mis ojos altaneros. No pretendo  grandezas que superan mi capacidad ,  sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre,  ¡Espera, Israel, en el Señor  desde ahora y por siempre!  “Salmo 130,1.2.3

Hoy día el Señor nos está poniendo en guardia de un comportamiento hipócrita, o incoherente con sus enseñanzas; Jesús  muchas veces nos repite, que debemos cumplir la Palabra, que  lo que prediquemos debemos practicarlo. Yo me doy cuenta que cuando no he orado bien, me gana mis sentimientos,  el buscar las miradas de los demás al hablar, o al opinar sobre algo, porque busco quedar bien,  pero que diferente es cuando he tenido un encuentro con el Señor largo,  le dejo a Dios ser el centro de mi vida nuevamente.  
 Y es así, que fácilmente nuestro ego, nuestro yo se ubica en el centro de todo, de allí viene la falta de amor al prójimo, la soberbia, el maltrato, el deprimirnos, el resentirnos, sentirnos superiores a  los demás .

Los fariseos y sacerdotes habían ocupado la cátedra de Moisés, el puesto de guías del pueblo, y se quedaron con la Ley, y olvidaron a Dios, por eso estaban con el corazón, vacio de amor, sediento y hambriento de quedar bien, de ser llamados con los títulos de Maestro, de Rabí. Ellos ponían el valor de su vida en el que dirán de las personas, buscaban que los aprecien, que  les llamen por sus títulos…eso les hacía sentir bien. ¿Cuántos de nosotros somos así?
Jesús condena estas actitudes no a la persona, sino lo que ellos hacen…hacen daño al pueblo, igual que nosotros cuando   predicamos la Palabra, que hay que amar, perdonar, servir…pero hacemos todo lo contrario, peleamos con el hermano, le sacamos en cara sus defectos para herirlo, cuando no perdonamos de corazón, hacemos lo que sea para ascender.  

 Jesús dijo en una ocasión en otro contexto quizás pero que se aplica aquí  “Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas,”Mateo 6,32ª

Los que no conocen a Dios verdaderamente se preocupan de alimentarse de los honores del mundo. El conocer la Biblia, haberla leído toda, saberse de memoria los versículos, no quiere decir ya estar salvados;   porque es solamente cuando somos sencillos,  cuando buscamos hacer la Voluntad de Dios, ser testigos del Amor verdadero,  cuando  nos humillamos, cuando  sometemos nuestro “ego”  que la Palabra se hace carne en nosotros,
Jesús nos esta pidiendo, o mejor dicho reclamando,  vivir desde nuestra identidad, de Hijos de Dios   en esta tierra, desde esa identidad poder vivir con sinceridad, transparencia,  coherentes ¿para qué?...para formar Iglesia, Jesús siempre nos va a llamar al encuentro intimo y personal con Él, para  dar la vida para  ser testimonio de un estilo de vida nuevo fundado en la Palabra de Dios.   
Jesús dice que el que se humilla será ensalzado, y su Palabra En la pone por obra, como vemos en la carta de san Pablo a los Filipenses:

“Tengan unos con otros los mismos sentimientos que estuvieron en Cristo Jesús: Él compartía la naturaleza divina, y no consideraba indebida la igualdad con Dios, sin embargo se redujo a nada,
  tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Y encontrándose en la condición humana,8 se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
  Por eso Dios lo engrandeció le dio el Nombre que está sobre todo nombre, Filipenses 2, 5-11


Que tengamos un día domingo, muy unidos a Dios, y al Santísima virgen, disfrutando el Amor de Dios con todos nuestros seres queridos. Recordando siempre que el que ama será ensalzado, porque el que ama sabe lo que significa humillación, morir a sí mismo, para que la presencia de Cristo aparezca grande en su vida.